Bajo el oscuro atardecer invernal, dos litros de calor me llenan.

Ya son las 5:46 p. m. y el cielo se oscurece afuera. Aunque los días de invierno, inusualmente cortos, pueden ser frustrantes, ver la puesta de sol me llena de una extraña sensación de euforia. Últimamente, me he propuesto un pequeño reto: beber dos litros de agua al día. Hoy, por fin siento que he cumplido una tarea importante del día, vaciando el último medio litro justo al salir del trabajo. Mi piel, antes escamosa por el aire seco de la oficina y el viento frío, parece estar un poco más radiante, y me encuentro mirándome de nuevo al espejo. De repente, recuerdo cómo me veía esta mañana. Antes le tenía tanto miedo al sol de invierno que lo habría ignorado, pero ahora me preocupa incluso la luz que se refleja en mis ojos. Empiezo cada mañana con la convicción de que mi rutina de protección facial, durante todo el año, me protegerá en el futuro. Es una tarde de invierno, y recuerdo que estos pequeños y honestos hábitos de vida, en lugar de los cosméticos ostentosos, se acumulan para crear una belleza sólida. Al igual que la satisfacción que siento al ver el fondo de mi vaso, mi piel también se está volviendo un poco más saludable. Espero que el resto de su noche esté llena de una cálida y acogedora calidez en sus corazones.

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