¡Qué arrozal tan afectado por la sequía en el espejo! Se está desmoronando gracias al consejo de un amigo.
Acabo de lavarme la cara y me senté frente al tocador, y la imagen en el espejo es realmente digna de admiración. Mi piel luce seca y flácida como leña seca, como si la hubiera azotado el gélido viento de pleno invierno. Son las 8:44 p. m., una hora en la que la razón debería prevalecer sobre la emoción, pero me encuentro vacilando frente al espejo. Una amiga que conocí esta noche me recomendó una combinación de ampolla y mascarilla para su rutina de cuidado en casa, e incluso mi yo, normalmente tranquilo y cohibido, se sorprende pensando: "¿Podría hacer eso también?". Mis oídos se ponen alerta. "No hay forma de estar guapa sin gastar un billete de diez mil wones", es mi viejo mantra, pero al ver las células blancas muertas de la piel, no puedo evitar preocuparme por mi piel antes que por mi saldo. Mi amiga dice que este es un cuidado de la piel realmente rentable, pero me debato entre la dura realidad de tener que considerar mi propio presupuesto. No sé si alguna vez pagaré o recuperaré la compostura. La verdad es que, a estas alturas, parece que el problema no es mi rutina, sino la humedad... Me pregunto cómo aguantan estas noches secas de invierno. No soy la única que se marea al mirarse así al espejo, ¿verdad?