¡Preciados hábitos que me ayudaron a sobrevivir el invierno!
Son las 4 p. m., los días se alargan. La tenue luz del sol que entra por la ventana proyecta una luz oblicua sobre mi tocador. Tomé un tubo de protector solar para organizarlo, y se sentía inusualmente ligero. Lo apreté hasta el final, y desapareció por completo. Es una tarde tranquila, y me invade una extraña sensación de logro y orgullo por haber vaciado todo el tubo.
El invierno suele ser frío y nublado, así que es tentador descuidar el cuidado de la piel. Pero sé que el sol invernal, que penetra profundamente en el interior desde las bajas altitudes, puede ser aún más dañino para la piel. Por eso, siento una sensación de urgencia, como si todo el trabajo diligente que he hecho cada mañana estuviera concentrado en un solo frasco. Este producto se absorbe perfectamente, casi como aplicar una capa de crema hidratante, y es un activo valioso que evita que mi piel se sienta tirante incluso en el ambiente seco del interior.
Me propongo proteger mi piel con un espíritu renovado, tanto como la he vaciado. En lugar de recurrir a cosméticos llamativos, descubro que cuando me apego a los hábitos básicos de la vida diaria, me siento más en paz frente al espejo. Mientras tiro los tubos vacíos a la basura, espero que mi piel esté tan sana mañana como hoy. ¿Por qué no tomarte un momento esta tarde, cuando la luz es particularmente fuerte, para mirarte al espejo y comprobar cómo está tu piel?