La historia de mi propia rutina de cuidado del hogar, que comencé por la sorpresa que me produjo su sencillez.
Llevo toda la semana sintiendo el calor de la calefacción en el trayecto al trabajo, y mi piel se ha ido poniendo pálida e irritada. Entre el frío del invierno y la sequedad del interior, me he dado cuenta de lo agotada que está mi piel.
Últimamente, he estado desarrollando una rutina de cuidado en casa más meticulosa después del trabajo. Antes, simplemente ponía como excusa el cansancio y me aplicaba un tónico rápido antes de dormir. Ahora, me aseguro de hidratarme bien la cara, incluso antes de lavarla. No es gran cosa, pero gracias a esta rutina diaria, siento que mi maquillaje luce aún mejor por la mañana.
Estoy ocupada con el trabajo, las reuniones y una agenda apretada, pero dedicarme 10 minutos me resulta una experiencia maravillosa. Mirarme al espejo y observar los sutiles cambios en mi piel durante mi rutina de cuidado personal es un consuelo invaluable que me permite olvidarme por un momento de mi ajetreada vida diaria.
Con el frío a la vuelta de la esquina, ¿por qué no intentas desarrollar el hábito de consentirte? ¡Espero que tengas una mañana refrescante y tranquila!