Mi propia rutina de cuidado en casa para recuperar la elasticidad perdida durante el frío y ventoso final de año.
Mirando por la ventana, siento que ha llegado el verdadero invierno esta mañana. Aunque son más de las 8 de la mañana, quizá porque el sol sale tarde, el ambiente típicamente sombrío de fin de año me inquieta... La idea de envejecer me pone ansiosa, pero mi piel en el espejo se ve apagada y sin elasticidad, quizá por la calefacción, y eso me preocupa. Así que últimamente he estado retomando mi rutina de cuidado personal, siguiéndola al pie de la letra, para despejar mi mente de pensamientos que me distraen y centrarme únicamente en cuidarme. Antes, solía maquillarme y acostarme, pero últimamente, por muy cansada o pesada que me sienta, me prometo no saltarme esta rutina. Después de lavarme la cara, me aplico un poco de aceite facial, me humecto y me doy un ligero masaje en las manos. Ese breve instante es el más tranquilo del día. Veo cómo mi piel, antes propensa a la tirantez, se calma poco a poco, y es realmente gratificante. A nuestra edad, cada mañana, al mirarme al espejo, me doy cuenta de que es más importante centrarse en lo básico que buscar productos llamativos y funcionales. Aunque no sea algo grandioso, una rutina de cuidado del hogar constante es como un seguro sólido que me ayuda a sobrevivir los secos meses de invierno. Quiero terminar el resto de diciembre con calma, cuidándome un poco más.