Después de lavarse la cara y ducharse, elimine la humedad dando palmaditas en lugar de frotar.
El hábito de frotarse inconscientemente la cara enérgicamente con una toalla después de lavarla es el principal culpable que destruye la barrera cutánea.
La piel húmeda es más delicada de lo habitual, por lo que incluso la fricción de las fibras ásperas de una toalla puede provocar microabrasiones, dando lugar a pérdida de elasticidad y arrugas.
Inmediatamente después de lavarte la cara, extiende una toalla ampliamente y colócala suavemente sobre todo el rostro, luego intenta presionar suavemente durante 3 a 5 segundos.
El punto clave es esperar a que la toalla absorba la humedad por sí sola.
Si tu piel es extremadamente sensible, puedes proteger la textura de tu piel y mantenerla más suave y saludable usando una toalla facial desechable o una gasa suave en lugar de una toalla normal para secarla suavemente.