Evita la crema hidratante densa y aplica una loción hidratante ligera tres veces al día.
Cuando empieza a soplar el viento con fuerza, mi piel se vuelve la típica grasa deshidratada: la superficie brilla con sebo mientras que el interior se siente reseco. Si me aplico una crema nutritiva densa, se me obstruyen los poros y me salen granitos, pero si no me aplico nada, la sequedad me vuelve loca. Así que últimamente, ¡he eliminado por completo las cremas nutritivas densas de mi rutina de cuidado facial! En su lugar, aplico una esencia o loción hidratante muy fluida y ligera en una capa fina sobre mi rostro, la doy palmaditas para que se absorba por completo y luego aplico otra capa fina. Lo repito tres veces. Esta hidratación gradual deja mi piel fresca y sin grasa, a la vez que alivia perfectamente la tirantez interna, lo cual me encanta.