Cambié a una funda de almohada de seda y me arreglé tanto las marcas de la cara como el pelo.
Tengo la costumbre de no dormir nunca boca arriba, sino siempre de lado, así que cada mañana tenía profundas marcas de almohada en las mejillas y alrededor de los ojos. Solían desaparecer rápidamente cuando tenía veinte años, pero con la edad, esas marcas no se quitaban hasta la hora del almuerzo, lo cual era realmente sorprendente. Así que tomé la importante decisión de reemplazar todas mis fundas de almohada de algodón por unas suaves y sedosas. Al principio eran resbaladizas, así que no me acostumbraba, pero al día siguiente, ¡no me apareció ni una sola marca en la cara! Además, la fricción de mi cabello contra la almohada mientras duermo ha disminuido, por lo que el encrespamiento en la nuca al despertar ha mejorado muchísimo. Siento como si me cuidaran en casa automáticamente mientras duermo.