Mi rutina actual de cuidado de la piel se basa en la constancia, pero sin excesos. Antes pensaba que usar varios productos funcionales a la vez era beneficioso, pero tras experimentar una mayor sensibilidad en la piel, la simplifiqué. Por la mañana, me limpio suavemente la cara, seguido de tónico, esencia y crema para finalizar, mientras que por la noche presto un poco más de atención a la limpieza. Sobre todo los días que me maquillo, realizo una doble limpieza para asegurarme de que no queden residuos. Uso una mascarilla facial una vez por semana para una hidratación intensa, y definitivamente noto que la textura de mi piel se vuelve más suave al día siguiente. Al sentir que mi piel mejora gradualmente en lugar de cambiar rápidamente, sigo con mi rutina sin impacientarme.