3 rutinas esenciales para el cuidado de la piel
Hubo una época en la que gastaba millones de wones en cosméticos. Claro que los efectos inmediatos y la sensación eran fantásticos, pero solo eran temporales; descubrí que mi piel volvía rápidamente a su estado original en cuanto alteraba mi rutina diaria. Tras innumerables intentos fallidos y gastos considerables, comprendí que los hábitos que desarrollo cada día son los que, en última instancia, definen mi verdadera piel. Quizás no tenga técnicas espectaculares, pero me gustaría compartir tres principios fundamentales de cuidado en casa que he seguido a diario durante los últimos cinco años.
Principio 1: Los peligros de lavarse la cara con agua tibia (entre 31 y 32 grados si se dispone de un termómetro).
Existe la creencia errónea de que se deben abrir los poros con agua tibia y cerrarlos con agua fría, pero esto solo daña la piel sensible. La clave está en lavarse la cara con agua tibia, que es la temperatura más cercana a la de la piel. La temperatura ideal es cuando se siente ligeramente tibia al tocarse la cara con la mano. Lavarse hasta que la piel se sienta tirante elimina la barrera protectora, así que deténgase cuando la piel se sienta suave después de la limpieza.
Principio 2: Reducir la cantidad de cosméticos (Dieta de vanidad)
Tónico, esencia, sérum, ampolla, emulsión e incluso crema... ¿te los aplicas todos? Hay un límite a la cantidad que tu piel puede absorber. El exceso de nutrientes puede provocar brotes. Yo me limito a tres pasos: [Tónico - 1 ampolla funcional - Crema hidratante]. En cambio, dejo que la piel se absorba bien dando suaves palmaditas para asegurarme de que se absorba por completo antes de aplicar el siguiente paso.