Comparto mi rutina personal de cuidado de la piel.
En climas con grandes fluctuaciones diarias de temperatura y una mezcla de sequedad y calor, mi piel es muy sensible, así que he optado por una rutina de cuidado facial más sencilla. Lo primero que hago es limpiar mi rostro. En lugar de limpiarlo en exceso e irritar la barrera cutánea, lo lavo suavemente con agua tibia. Después de la limpieza, aplico un producto hidratante justo antes de que el agua se seque para retener la humedad antes de que la piel se sienta tirante. Intento que mi rutina sea lo más simple posible. Tras preparar mi piel con un tónico, termino con una ampolla hidratante ligera y una crema hidratante, para que mi piel respire sin aplicar demasiadas capas. Los días en que mi piel está sensible, descanso los productos funcionales y me centro únicamente en el cuidado calmante. Controlar el entorno también es importante; en interiores, uso un humidificador o coloco un vaso de agua para reducir la sequedad, y al salir, me aplico protector solar a conciencia para minimizar la irritación causada por los rayos UV. Por supuesto, no puedo seguir esta rutina siempre, pero intento hacerlo con constancia.